Cristiano Ronaldo 2016: Una nueva realidad para Zidane

Cristiano Ronaldo 2016: Una nueva realidad para Zidane

Desde la explosión de Ronaldo en el Manchester United y su nacimiento como sistema ofensivo, el portugués está principalmente identificado por su capacidad para marcar una cantidad enorme de goles. La variedad que tiene en el momento de disparar, la calidad de sus movimientos y su determinación para el gol han creado la convicción de que era un goleador que iba, tarde o temprano, a abandonar la banda y mutar en delantero centro.

Cada año, el debate resurge. Y si Cristiano ha demostrado durante las ultimas temporadas que todavía era capaz de marcar diferencias en grandes distancias, su ultimo año de competición con Zidane de técnico invita a pensar que hoy es algo que solo puede hacer de manera muy puntual.

Porque mas que una cuestión de posición, existe una cuestión de distancia con Ronaldo. Hemos visto durante los últimos meses de competición, especialmente ante el Borrussia Dortmund en el Santiago Bernabéu y durante el Clásico en el Camp Nou, en partidos donde Zidane optó por un repliegue y un juego enfocado al contragolpe, que el Balón de Oro 2016 ha perdido su capacidad de intimidación en las grandes distancias. El astro portugués lo sabe muy bien y ha tomado una serie de decisiones para optimizar su rendimiento.

Llegó como un delantero con una notable participación en el juego, pero Cristiano ha disminuido progresivamente su implicación en la circulación de la pelota, hasta el punto de convertirse en un futbolista que parece regularmente aislado. Su presencia en las cadenas de pases ha bajado y su capacidad para ofrecer el ultimo pase esta también en disminución. Está menos presente en el juego y es menos decisivo a nivel asociativo, lo que es un primer signo fuerte de que el siete merengue se ha alejado de las tareas de elaboración.

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La temporada 2016-2017 contabiliza las 18 primeras jornadas de la Liga. La linea es una referencia: 1 pase clave por cada 20 pases dados (20%).

Además de haber reducido su participación en el aspecto creativo, el siete merengue también ha disminuido gradualmente su volumen de regates. Cuando llegó del Manchester United era un futbolista que intentaba desequilibrar con gran frecuencia con el balón, pero desde 2016 se puede decir que el portugués regatea solo de manera puntual durante un partido. Su efectividad está conforme al nivel mostrado desde su fichaje por el Madrid (entre 40% y 55% de acierto), pero su evolución y, sobre todo, su perdida de agilidad, le han conducido a alearse de este ejercicio.

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La temporada 2016-2017 contabiliza solo las 18 primeras jornadas de la Liga

Si el campeón de Europa se ha alejado del juego y del aspecto creativo es también porque instintivamente se ha acercado al gol. Lo podemos comprobar cuando miramos la distribución de sus remates en función de la zona. Hubo un tiempo en el que Cristiano Ronaldo intentaba más remates desde fuera del área que dentro de ella. Hasta el punto de frustrar a una parte de la afición. Pero este tiempo se acabó. Desde la primera temporada de Carlo Ancelotti como técnico blanco, el portugués ha invertido la tendencia y exprime su remate mayoritariamente desde dentro del área. También podemos comprobar que el volumen de remates en los últimos seis metros nunca fue tan alto, prueba de que el jugador se relaciona mas con la finalización que nunca.

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La temporada 2016-2017 contabiliza solo las 18 primeras jornadas de la Liga.

Además de este acercamiento al área, podemos comprobar que Ronaldo mantiene un volumen de remates a la altura de su reputación. Una proyección para la totalidad de la temporada 2016-2017 le sitúa por encima de los 100 remates en el área. En terminos de efectividad, las cifras indican que está en declive. Aunque como demuestran las temporadas 2013-2014 y 2015-2016, Ronaldo no es un finalizador « clínico » por naturaleza. Ha superado la barrera del 25% de acierto solo una vez desde su llegada al Madrid (1 gol cada 4 remates en el área, sin penaltis) y ha demostrado a lo largo de los años que necesita un volumen importante de remates para explotar sus talentos de goleador.

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La temporada 2016-2017 contabiliza las 18 primeras jornadas de la Liga.

Esa necesidad de cantidad, combinada a su reciente evolución, es lo que sin duda ha conducido a Zidane a tomar un camino diferente a sus antecesores.

En 2010, Mourinho había construido el sistema ofensivo de su Real Madrid sobre la capacidad de Ronaldo a imponer su ley en los espacios. En 2013, cuando llegó Ancelotti, tomó un camino similar, pero dio un enfoque especial a la movilidad del portugués en la dinámica de movimientos del equipo. En 2016, Zidane ha optado por un modo de ataque que permite a Ronaldo explotar virtudes donde sigue siendo una referencia: Los centros.

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La temporada 2016-2017 contabiliza las 18 primeras jornadas de la Liga. La linea es referencia: 1 buen centro cada 4 centros intentados (25%).

El Madrid centra mucho. Desde la llegada de Cristiano a la capital española, el equipo merengue intenta mas de 20 centros por partidos. Pero podemos comprobar que este modelo de ataque se ha acentuado desde la temporada 2013-2014, periodo donde el equipo también mejoró su efectividad en este ejercicio. Pero más que el volumen, lo que ha aumentado de manera importante es la importancia del centro dentro del discurso ofensivo del equipo.

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La temporada 2016-2017 contabiliza las 18 primeras jornadas de la Liga.

Durante las tres primeras temporadas de Cristiano con el Madrid, el equipo blanco utilizaba los centros y los pases en profundidad a un nivel similar. Pero luego las cosas cambiaran mucho. Desde la primera temporada de Carlo Ancelotti, la base del discurso ofensivo del Madrid se basa claramente en los centros. Con Benítez y después con Zidane, los merengues han alcanzado un punto donde consiguen seis veces mas asistencias con centros que con pases en profundidad. La temporada pasada, de manera aún mas significativa, los Campeones de Europa han producido mas asistencias con saques de esquina que con pases en profundidad. Y esa temporada el dato va aún mas lejos, pues el equipo de Zidane consigue más goles de córner y en acciones a balón parado que con los pases en profundidad. Claramente, el juego al espacio esta a su nivel mas bajo en Chamartín.

Esa enorme baja en la utilización de los pases en profundidad al beneficio de los centros va unida a la evolución de Cristiano que, como se ha mencionado antes, ha visto disminuir notablemente en las últimas temporadas su capacidad para marcar diferencias partiendo de lejos. El portugués está menos capacitado para marcar diferencias desde la distancia y, entonces, los entrenadores se han adaptado a esta situación. Además, hay que añadir que en 2013 el Madrid vendió a Gonzalo Higuaín y Mesut Özil e incorporó a Gareth Bale. Lo cual constituye un cambio importante en el estilo ofensivo del equipo.

Para que esa utilización de los centros sea un plan fiable y productivo, Zidane tomo la decisión de empujar a Bale, Benzema y Morata hacia el área. ¿El objetivo? Crear una acumulación de delanteros de gran calidad en al área, con la convicción de que, tarde o temprano, uno de los centros acabaría en la red. Esta situación es particularmente notable en el caso de Karim Benzema.

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La temporada 2016-2017 contabiliza las 18 primeras jornadas de la Liga.

Si para Bale y Cristiano el aumento de volumen es bajo (5% para el galés y 13% para el portugués), Benzema ha multiplicado sus intentos en el área por dos entre la temporada 2014-2015 y 2015-2016. Lo que explica bastante bien la idea de Zizou. Las cifras de la temporada actual muestran que la tendencia sigue. Aunque Benzema está lejos de las cifras de la temporada pasada, el volumen de intentos de la BBC sigue estando por delante de las cifras anteriores a Zidane.

Esta gran presencia demuestra que el plan ofensivo es rematar lo más cerca posible de la portería. La tasa de conversión nos dice que es una idea excelente. Bale pasó del 18,5% al 34% de conversión en el área, Benzema está alrededor del 27%, mientras que Ronaldo ha bajado del 27% al 17%. Teniendo en cuenta la bajada significativa de Cristiano y la progresión anormal de Bale, las cifras presentan un trío ofensivo al que solo se acerca la MSN en términos de volumen y eficacia durante la temporada 2015-2016.

Para la temporada actual, la lectura es menos convincente. La BBC sigue siendo una referencia en términos de cantidad de remates, pero su nivel de eficacia no es propio de la máxima élite. Al menos después de 18 jornadas de Liga.

En conclusión, frente a la inevitable transformación de CR7, que ha dado paso a CR9, Zidane ha implementado un modo de ataque ofensivo enfocado a maximizar esa versión humana del portugués, y lo ha consolidado empujando a Benzema y Bale mas cerca del gol.

Con la ayuda de pasadores de calidad en los tres carriles del campo y la inestimable ayuda de sus centrocampistas, inclinados a jugar por detrás de la pelota, formando una red de recuperación para los centros despejados, el técnico francés ha conseguido dar sentido a todas su piezas. Hasta el punto de que el Madrid funciona de la misma manera cuando los jugadores importantes no están en el campo, Cristiano incluido.

La parte decisiva de la temporada pondrá de nuevo a prueba la solidez de este plan, pero con un año como técnico merengue queda bastante claro que Zidane se ha adaptado perfectamente a su plantilla y a sus mejores futbolistas. Y eso, más que cualquier otra cosa, es su misión principal.

Real Madrid 2016-2017: Análisis de un verano discreto

Real Madrid 2016-2017: Análisis de un verano discreto

 Cuando ganó la Champions, solo seis meses después de tomar el puesto de técnico del Real Madrid, Zidane demostró que era capaz, al menos en un corto plazo, de unificar a un grupo en torno a objetivos concretos y construir una base colectiva competitiva. Para llegar a ese punto, el francés tuvo que seducir y convencer a una plantilla de una riqueza incuestionable. Tanto que tenía todo lo que necesitaba para construir un equipo duro, combativo y confortable al momento de defender sin necesidad de fichar a nadie.

El Madrid no necesitó entrar en el mercado de invierno para encontrar recursos como Nacho, Casemiro o Lucas Vázquez, que fueron bastante importantes para el técnico francés. Estos futbolistas estaban disponibles desde el verano de 2015. Y la magnitud de la plantilla madridista no se para ahí. En la noche de la final de Champions 2016 ante el Atlético Madrid, Zizou, que tenía a su mejor once en el campo, disfrutó de un banquillo con Danilo, Isco, James Rodríguez y Jesé.

En este contexto es bastante fácil entender por qué el Madrid fue discreto durante el mercado de verano 2016. Después de la gran colección de futbolistas fichados por Florentino Pérez en 2009, equilibrada por Mourinho durante los tres veranos siguientes, el equipo de Chamartín ha llegado a un punto donde no hay dudas sobre su capacidad para afrontar sus retos. El Madrid tiene una plantilla con al menos 17 jugadores que tienen la calidad y la experiencia para jugar cualquier partido de fútbol. Así que los objetivos de la directiva son mejorar el grupo con pequeños cambios y mantenerlo joven. Para resumir, la idea ya no es construir una plantilla, sino buscar cómo aproximarse de la mejor combinación posible.

Con esta idea en mente, la directiva de Florentino Pérez tenía que cambiar la manera en la que había cubierto dos puestos: el lateral izquierdo y el delantero centro.

Mirando a la última temporada podemos decir que el Madrid ha tomado cierto riesgo al no fichar un segundo lateral izquierdo. El club tenía a Álvaro Arbeloa, que ha jugado muchos partidos en este puesto; a Nacho, que a pesar de ser un central ha demostrado cierta versatilidad; y a Danilo, lateral derecho natural. Sin embargo, ninguno es capaz de jugar de lateral izquierdo en el sentido más moderno del puesto: ofrecer amplitud y tener recursos para participar en fase ofensiva. Con la salida de Arbeloa era muy importante para el Madrid no jugar con juego una segunda temporada.

Sobre el papel es una misión difícil. Marcelo es claramente el titular por su calidad, así que el objetivo es fichar un lateral izquierdo que sea perfectamente consciente de que juega un rol secundario pero, si el equipo lo necesita, pueda jugar partidos de cualquier calibre. Mirando un poco el mercado es difícil encontrar opciones que puedan ofrecer garantías para esta función. Se entiende bastante bien por qué la directiva decidió inclinarse por dar otra oportunidad a Coentrao. A pesar de jugar tres temporadas en el Madrid, el portugués nunca dio la sensación de estar cómodo en el equipo y no fue capaz de convencer plenamente. Pero a pesar de estar bloqueado por Marcelo y muy criticado por la prensa de Madrid, Fabio jugo muchos partidos de exigencia en el Madrid a un buen nivel, como la final de la Champions 2014 contra el Atlético. Además, conoce a gran parte de la plantilla, el club y la Liga. El movimiento tiene bastante sentido. Las únicas dudas están relacionadas con la vuelta de la lesión y su mentalidad a la hora de empezar otra temporada por detrás de Marcelo. Si Zidane consigue tener al jugador motivado y comprometido, el Madrid tendrá un segundo lateral izquierdo que podría jugar en muchos equipos de la próxima Champions.

Además del puesto de lateral izquierdo, el Madrid también tenía que encontrar un sustituto para Benzema. La temporada pasada, la directiva tomó la decisión de planificar la plantilla de manera que Jesé podría ser el primer recambio, no solo para reemplazar a Bale y Cristiano, también a Benzema. Fue una idea bastante loable y un guiño de confianza evidente hacia el canario. Sin embargo, en realidad Jése nunca fue capaz de asumir esas responsabilidades. Su interpretación de la función de delantero centro no encontró sociedad con Bale y Cristiano, y al final no funcionó. Benítez y Zidane se inclinaron por diferentes opciones, como los propios Gareth y Cristiano jugando de 9, con diferentes resultados.

Después de una temporada en la que Benzema jugó 27 de 38 partidos de Liga, el Madrid tenía que encontrar un recambio. En este caso tampoco fue fácil. En el campo, tiene que ser un futbolista con un comportamiento táctico y condiciones especiales. Cómodo jugando de espaldas, capaz de ser receptor de juego directo, con tendencia a tirar desmarques de dentro hacia fuera para limpiar el espacio central a Cristiano y Bale, capaz de ofrecer profundidad y, obviamente, ser una fuente de goles. Todo eso asumiendo un rol secundario.

Como en el caso Coentrao, el Madrid tenía una carta de gran calidad para arreglar esa cuestión: Morata. El futbolista cuadra bastante bien a nivel táctico, sin embargo persisten dudas sobre su capacidad de ser una fuente fiable de goles. También está la cuestión del rol dentro de la plantilla. Después de dos temporadas jugando con la Juventus, ofreciendo un nivel excelente en la Champions, el delantero español seguramente se sentía capaz (al igual que muchos clubes de Europa) de ser el titular de cualquier proyecto. Es muy fácil imaginar que Morata vivió un especie de dilema, por un parte estaba el sueño de jugar y triunfar con el Madrid. Por otra, la sensación de que había hecho lo necesario para tener el espacio de un estrella en cualquier equipo. Para convencer al jugador, Zidane seguramente no podía hacerle promesas, pero la directiva del Madrid sí tomó una decisión que podría ser interpretada como un guiño por parte del club: vender a Jesé. Al cerrar el capítulo del canario como jugador merengue, el Madrid permitió a Morata no solo verse como un recambio para Benzema, también como una opción clara para jugar minutos sin un Cristiano que ha prometido “cuidarse más en el futuro”. Queda por ver si puede ser suficiente para Morata. Pero lo cierto es que es un movimiento que puede transmitir confianza hacia el 7 de la Roja, en un momento donde probablemente no está seguro de su decisión de quedarse.

La ausencia de Ronaldo, además de la lesión de Benzema seguramente son las razones por las que el Madrid decidió dar un sitio a Mariano Díaz en la plantilla. El exdelantero del Real Madrid Castilla parece determinado a intentar ganarse un puesto, al menos hasta el próximo mercado de fichajes. Por perfil, es un jugador que puede ser bastante útil. Permite a Zidane contar un ‘cazagoles’, que se mueve muchísimo para atacar los espacios y que tiene una gran cantidad de recursos para finalizar jugadas. A muchos niveles el dominicano recuerda a Chicharito Hernández, que fue un comodín muy válido durante la segunda temporada de Carlo Ancelotti como técnico blanco.

Contra todos los pronósticos, el Madrid también decidió dar un puesto a Asensio en su plantilla. El joven delantero ha convencido Zidane, y su perfil único es una buena adición en la plantilla. Es difícil definir qué rol va a ocupar el joven Marco durante la temporada. Es un futbolista que pertenece claramente a la línea de delanteros, que participa muchísimo en el juego de sus equipos, con una calidad enorme para asociarse pero que tiene una baja capacidad de producción, a pesar de lo que estamos viendo en este inicio de temporada. Así que aunque es una opción de gran calidad para Zidane para completar su línea ofensiva, Asensio sigue siendo un jugador con un impacto en el marcador demasiado bajo para ocupar un gran puesto en su primera temporada.

Al margen de la manera en la que el Madrid ha tratado sus dos prioridades, también se puede cuestionar el hecho de no haber fichado a un mediocentro de perfil similar a Casemiro. Durante la pretemporada, Zidane tenía a disposición a Marcos Llorente, jugador del Castilla. Pero el joven español ha elegido salir para jugar una temporada completa con el Alavés. El técnico francés también mencionó en diferentes ocasiones que era imposible para el Madrid hacer fichajes sin vender antes. Así que la ausencia de otro ‘Casemiro’ podría estar ligado al hecho de que la directiva del Madrid no podía o no quería forzar algunas salidas para crear espacio. Pero Zizou también dejó claro que tenía a su disposición a jugadores como Toni Kroos y Mateo Kovacic para jugar por delante de la defensa. El hecho de que no tenga problemas con sus perfiles es interesante. Significa, entre otras cosas, que al entrenador del Madrid no le interesa especialmente tener a dos mediocentros de perfil corrector y que le gusta tener variedad en este puesto.

Al final, el Madrid se comportó bastante bien durante el mercado. No solo desde el punto de vista financiero, sino también a nivel de la calidad que añadió a la plantilla. Los dos puestos que necesitaban claramente un refuerzo han sido completados con grandes futbolistas y, además, el Madrid ofreció a Zizou dos opciones más para completar su línea ofensiva. De hecho, los medios del club y la calidad de su planificación desde el pasaje de Mourinho son tan buenos que el vigente Campeón de Europa no ha tenido que entrar en el mercado: Mariano desde el Castilla; Asensio y Coentrao vuelven de una cesión; y Morata solo estaba a una cláusula de recompra de distancia de la plantilla merengue.

La gran duda reside más en el comportamiento del club al momento de dar salida y equilibrar su plantilla para que sus estrellas tengan suficiente espacio. Con la clara influencia de la sanción UEFA, que prohíbe al Real fichar nuevos futbolistas durante los dos próximos mercados (invierno 2016-2017 y verano 2017), el club ha optado por una plantilla súper congestionada, con los riesgos que esto puede significar. Porque en un escenario en el que Zidane tenga a todo su plantilla a su disposición, futbolistas de gran calidad podrían acabar fuera no solo del XI, sino del partido. Imaginadlo un instante: Zizou empieza el partido con el mismo once que durante la última final de la Champions y tiene en el banquillo a Casilla, Danilo, Varane, Kovacic, Isco, James y Morata. Esto implica que Yáñez, Coentrao, Nacho, Lucas Vázquez, Asensio y Mariano ni podrían participar en el encuentro. Obviamente, un escenario tan positivo es muy raro dentro de una temporada, y el calendario del Madrid será sin duda un estímulo para Zizou a la hora de hacer rotaciones, pero sigue siendo una posibilidad. Y en este ejemplo, los jugadores de menor talla fueron las víctimas, algo que no siempre pasa.

Entonces, podemos preguntarnos: ¿es realista para un entrenador gestionar una plantilla tan larga? ¿Puede Zidane tener a todos implicados y motivados? O si el Madrid, preocupado por su sanción UEFA, ¿ha llevado el concepto de súper plantilla demasiado lejos? Tendremos una respuesta muy pronto. A estas alturas una cosa está bastante clara: si Zidane no consigue una temporada exitosa, no será por falta de miembros.

Plantilla Real Madrid 2016-2017:
Full squad

Un CPU como Mediocentro

Un CPU como Mediocentro

El Madrid tomó una nueva dirección tras ganar la Champions 2014. Carlo Ancelotti y sus jugadores acababan de ganar la tan deseada Décima, mostrándose superiores a todos sus rivales, pero tras el telón la directiva de Florentino Pérez producía un cambio bastante importante. Así, sin miedo, el Madrid jubiló al trío de centrocampistas más desbalanceado de su historia reciente y fichó a dos mediapuntas de formación. El primero, y jugador clave de este restart merengue, fue Toni Kroos.

El centrocampista alemán llegó desde el Bayern Munich tras una temporada con Pep Guardiola que le cambió profundamente. Aquel mediapunta que bajaba mucho y se ofrecía en todo el ancho del campo para crear superioridades evolucionó. A las órdenes de Pep, Kroos se transformó en un futbolista de participación constante y casi exclusiva en la construcción del juego. Salvando las distancias, aquel año Kroos fue una especie de Xavi para el Bayern.

En este sentido, las intenciones del Madrid parecieron claras. Cambiar al súper desequilibrante e imprevisible Di María por el muy fiable y calculador Kroos; un foco de caos por uno de control. Y todo iba en la dirección correcta hasta que, a una semana del cierre del mercado de fichajes, Xabi Alonso, mediocentro titular y extensión de Ancelotti en el campo, decidió dejar el club. La situación era complicada para Kroos y Ancelotti, quienes ya no tenían margen para permitir una evolución lenta y preparada del alemán hacia el puesto de mediocentro, como podría haberse anticipado. Sin experiencia previa alguna, el número 8 del Madrid tenía que aprender su nuevo rol mientras lo ejercía.

Esta mutación forzada, sin embargo, se perfilaba como un desafío que Kroos asumió con convicción. El centrocampista alemán había demostrado con Guardiola una enorme capacidad de aprendizaje, pero el rol de mediocentro es, muy posiblemente, el más complejo que existe en un campo de fútbol. Esto debido a su ubicación estratégica y la variedad de funciones que debe ejecutar, entre las que encontramos las siguientes:

– En fase de construcción o salida de balón: hacer de enlace entre la defensa y el resto del equipo, eligiendo la mejor opción en función de donde estan las 22 piezas en el campo.

– En fase de ataque: ofrecer una línea de pase detrás de la pelota, coherente con el sentido del juego, sin descuidarse ante una posible pérdida.

– En transición defensiva: debe ejecutar la acción requerida para recuperar el balón si es posible, o en su defecto ralentizar la contra rival, hacer coberturas, cierres e integrarse a la última línea defensiva según lo demande la situación.

– En fase defensiva: debe actuar como pieza aglutinante del sistema defensivo. Suya es la zona central delante de una línea defensiva a la que también debe dedicar toda clase de coberturas, ayudas y relevos.

Claramente, la del mediocentro es una demarcación clave en el campo. Un equipo de fútbol, independientemente de sus aspiraciones, no puede permitirse a un mediocentro que tome malas decisiones sin sufrir grandes consecuencias. ¿Tenía Kroos las cualidades y condiciones para ejercer semejante rol?

Tras un año y medio podemos decir que sí. El camino ha sido difícil, a veces costoso, pero el centrocampista alemán entiende las funciones del mediocentro y, de manera aún más importante, se identifica con ellas. Lo vemos.

En la fase de construcción Kroos demuestra que, a nivel conceptual, se adapta de forma natural a su nuevo rol. Su movilidad es total y su disponibilidad, excelente, ya sea bajo presión o enfrentando una defensa plantada en zona. Si es necesario, se ubica tras los centrales o entre ellos, incluso después de un simple saque de banda. El futbolista se ha responsabilizado de la fase de salida de manera total. Ya sea cuando su línea defensiva está a 10 metros o 50 metros de su portero. El alemán es el dueño del primer balón, una línea de pase constante para su defensa.

Con la pelota en sus pies muestra sus mejores condiciones. Su lectura del juego es soberbia, hasta el punto que resulta muy complicado verle tomar una mala decisión, y su técnica de pase se acerca a la perfección. Su pie derecho es súper preciso y el izquierdo no es menos que excelente. Kroos puede mandar un balón tenso hacia alguna opción de pase interior, poner una pelota a la espalda de la defensa o lanzar una diagonal a la banda con la derecha o zurda si es necesario para progresar en el campo. La gran mayoría de las veces, su compañero recibe la pelota en condiciones tan buenas que le basta un simple toque para controlar el balón, sin cambiar la orientación de su cuerpo. Es impresionante. Sobre todo porque se trata de un jugador que ejecuta una variedad enorme de pases.

Cuando Toni apunta al pie del compañero, el balón nunca va demasiado fuerte y solo a veces un poco lento. Cuando apunta al espacio, le ocurre lo contrario. Especialmente cuando el pase es frontal; en ocasiones la pelota va con demasiada fuerza y esa es la principal razón tras sus escasos fallos.

Al margen de sus talentos como pasador, sin embargo, el alemán es un jugador bastante limitado con el balón. Kroos, por ejemplo, sufre cuando tiene que girar. Bajo presión, de espaldas al arco, limita sus intervenciones a pasar el balón atrás o a los costados. No está equipado para girar rápidamente o eliminar a un adversario con el regate, lo cual limita mucho su capacidad de jugar como interior o mediapunta.

En general el alemán no tiene ninguna habilidad ni sofisticación para manejar la pelota. Emprende conducciones si tiene mucho espacio o ve una buena oportunidad, apoyándose en su capacidad de proteger el balón, el escudo de su identidad como jugador. Incluso en traslados cortos de pelota, suele detenerse ante el primer obstáculo defensivo. Kroos está muy consciente de sus limitaciones mecánicas y físicas, así como de la importancia de evitar pérdidas de balón en su posición. Es un mediocampista muy responsable, un elemento de extrema fiabilidad en la construcción del juego.

Aunque técnicamente es capaz de ejecutar y, por tanto, elegir cualquier pase, Kroos demuestra una predisposición clara de hacer que su equipo progrese junto hacia el campo rival. En la construcción implica a los laterales para ayudar a la defensa a ganar metros, y después busca combinar con sus centrocampistas para acercarse a la portería rival. Si percibe que su equipo está bien colocado, ofrece una línea de pase permanente detrás del balón, por todo el ancho del campo. Como buen viejo estudiante de Guardiola, Kroos piensa en ordenar a su equipo y preparar bien las jugadas en el campo rival antes de buscar el gol.

Esta conducta en ataque, sumada a su omnipresencia en la salida de balón, hacen del Kroos mediocentro un futbolista muy influyente, de forma natural e inevitable. Un jugador que, pase a pase, determina el fútbol de su equipo. A niveles generales, esto debe considerarse un aspecto positivo. Un jugador que toma buenas decisiones en la fase inicial del juego de forma sistemática, permite a su equipo controlar –y en ocasiones gobernar– partidos de fútbol.

Los problemas aparecen en aquellas situaciones en las que, a pesar de Kroos, el Madrid pierde el balón en malas condiciones. Entonces se manifiestan sus limitaciones.

En transición defensiva podemos verificar algunos aspectos que pueden inferirse cuando el alemán tiene el balón. Lo primero: es lento. Tanto en su mecánica corporal como su ritmo de carrera. Su aceleración es decente pero, tras 5 metros, resulta evidente por qué pierde la mayoría de sus esprints, medianos y largos, incluso cuando parte con ventaja. Lo segundo: el futbolista no es intenso por naturaleza, es decir, resulta muy raro verlo ejecutar un esfuerzo máximo a nivel mental y físico, sea corto o largo.

Por esta razón, su comportamiento al momento de presionar parece una clara anomalía en su juego. Que un futbolista con sus condiciones físicas y técnicas gaste tanta energía en este aspecto no es racional. En efecto, Kroos dedica rachas de máximo esfuerzo físico en dos tipos de contextos. Cuando queda como último hombre forzado a correr hacia su portería, y cuando sale a presionar. En sí mismo, el primer ejemplo no dice mucho. Todo futbolista tiende a dar el máximo e ir más allá de su juego en las situaciones extremas. La urgencia que Kroos demuestra para presionar, sin embargo, puede no encontrar otra explicación que su año jugado bajo las órdenes Pep Guardiola, un técnico que implanta en sus jugadores conceptos fuertes de presión colectiva. Lo menos que puede decirse, es que el número 8 del Madrid los ha asimilado.

Así, pues, a la hora de presionar Kroos se convierte en un jugador muy agresivo. Dedica particular atención a la lectura de los movimientos del contrario y sale a robar el balón. Si no es posible, intenta forzar un pase. Y si su oponente tiene opciones reales de hacer progresar la jugada, intenta molestarle al máximo. Kroos presiona con determinación y propósito. Sin embargo, a pesar de su gran disposición, su acierto debe ser relativizado por la simple razón de que depende del resto del equipo. Presionar –como defender– con éxito es un logro colectivo. En este sentido, todo depende mucho más la ejecución global que del acierto del mediocentro. Habiendo jugado con tres técnicos desde su llegada al Madrid, al alemán le hemos visto provocar pérdidas, forzar pases y fallar. En los peores casos, favorece la progresión del equipo contrario y fragiliza la estructura defensiva de su equipo. Estos fallos, seguramente, explican por qué a día de hoy se duda de su capacidad como mediocentro.

Cuando el centrocampista merengue falla en la presión y la jugada sigue a su espaldas, su esfuerzo por recuperar su posición es inconsistente. De hecho, es frecuente verle replegar a media o baja velocidad, observando la jugada. Ilustra un comportamiento opuesto al que demuestra para presionar, y llega a dejar a su equipo muy expuesto. ¿Por qué tal contraste?

Primero, las condiciones físicas del jugador son una verdadera limitación, especialmente tras el esfuerzo inicial que supone salir a presionar. El jugador, acostumbrado a perder tantas carreras, parece consciente. Todas las correcciones defensivas que exigen nuevos esprints, giros, cambios de dirección, constituyen un esfuerzo que el jugador no parece dispuesto a acometer. Podemos decir que existe una barrera mental, en retroalimentación con la física.

Por otro lado debe decirse que el ex Bayern es un futbolista que jugaba de mediapunta hace 2 años y medio, y fue formado como tal. Más allá de sus condiciones físicas, no está configurado mentalmente para corregir y sufrir en defensa como podrían hacerlo otros mediocentros formados para hacerlo por instinto.

En todo caso, sus presiones fallidas, más el bajo esfuerzo que ofrece para corregirlas, tienen un gran impacto sobre la estructura defensiva de su equipo, además de la fuerte imagen que dejan. La mayoría de las veces, su compañero en el doble pivote y los centrales solventan la situación, pero el equipo sufre. Con un margen de progresión casi nulo en el plano físico, el futbolista no tiene mayores opciones que aprender a sufrir más y/o adaptar mejor sus intentos de presión al comportamiento colectivo. Si no, su equipo seguirá sufriendo, aunque sea de manera ocasional.

Al margen de este punto negativo, el comportamiento de Kroos en transición defensiva es bueno, aunque siempre con limitaciones y mejorable. Es capaz de ofrecer una buena cobertura a sus laterales o centrales si la velocidad de la jugada no es demasiado exigente. Si tiene que cubrir un espacio muy grande que puede acabar con un 1v1 a campo abierto, es frecuente verle expulsar un compañero de la defensa hacia esa tarea y tomar la posición del defensor del espacio. Cuando el contrario entra en su zona, no tiene precipitación por intentar una intervención y demuestra una técnica defensiva aceptable. Su timing al momento de meter el pie es bueno. Es raro verle ir al suelo, pero no tiene miedo de hacerlo.

En la fase defensiva su colocación es buena, aunque, nuevamente, con margen de mejora. Kroos ocupa generalmente la zona adecuada, pero rara vez la ideal, y recibir a su espalda es una posibilidad. Aquí resulta evidente que le faltan horas de vuelo como mediocentro. Contra el juego directo, el futbolista solo salta si el balón cae en su zona. Si es algo alejado, tiende a colocarse como receptor del rebote. Kroos atesora un salto vertical solo correcto, que no marca diferencias. En general, el medio sabe moverse y bascular en función de la jugada, pero sigue mostrándose demasiado agresivo, sobre todo si la jugada se alarga. Le falta paciencia en esta fase del juego. En el área Kroos es capaz de ofrecer ayuda sin invadir el espacio de sus compañeros. No muestra gestos impulsivos ni parece víctima de las emociones cuando sucede. Mete la pierna solo si lo ve claro. En ocasiones Kroos se coloca como línea de pase por delante de la pelota aunque su equipo no haya asegurado su recuperación de manera clara: planifica con antelación los primeros pases de su equipo. Apenas se consuma la recuperación del balón, vuelve a ofrecer su mejor versión. Lectura, decisión y ejecución matemática. Mentalmente se muestra muy fiable. Es frío, concentrado y determinado, condiciones muy bien ajustadas a su nueva función.

En el ataque posicional el mediocampista demuestra una mezcla de sus virtudes y limitaciones. Es una línea de pase constante en paralelo, pero sobre todo detrás de la pelota, que participa de manera activa en la construcción de las jugadas. Sabe apoyar, acelerar, calmar o reciclar la posesión. Si está presionado y su control es imperfecto, puede sufrir y perder la pelota. Su lentitud y falta de cintura no le ayudan a escapar de presiones, por lo que se ve forzado a soltar el balón a través de pases que no representan su idea original. Si está marcado, le cuesta mucho contribuir al juego ofensivo de su equipo. A día de hoy, limitar su participación es factible y recomendable para el rival. Dicho esto, Kroos sabe aprovechar de forma brillante la atención que le dedican los adversarios para liberar a sus compañeros.

Cuando Toni tiene la oportunidad de disparar a portería, lo cual le sucede muy poco como mediocentro, muestra otra de sus grandes cualidades. El número 8 sabe golpear el balón con las superficies interiores y exteriores de ambos pies y tiene un talento natural para elegir la mejor opción en función de la situación. Que no pueda ejercer esta virtud más a menudo, representa, sin duda, la gran desventaja inherente de su nueva función en el campo.

Sin balón, el alemán nunca ha tenido movimientos reseñables al espacio y esto no cambió con Pep ni Ancelotti. A menos que su equipo esté sufriendo para superar la primera línea de presión rival, se ubica detrás o en paralelo al balón. Prefiere ver al adversario de frente. Incluso cuando juega de interior. Kroos baja. No ofrece profundidad alguna ni se ofrece entre las líneas defensivas rivales.

Podemos añadir que Kroos es un excelente tirador de corners y faltas directas e indirectas, como en todo ejercicio que consiste en golpear el balón. Sabe cómo imprimirle efecto para dar problemas a la defensa contraria y llegar a un compañero. En la defensa a balón parado, por su parte, forma parte de la zona defensiva; es raro verle ser el primero en llegar al balón, sea directamente o tras un rebote.

Tras un año y medio de experiencia en el rol, no hay duda de que Kroos es mediocentro. Su comportamiento en la fase de construcción o salida de balón, incluso cuando juega como interior, le presenta claramente como un futbolista que tiene su lugar en la base la jugada. El madridista se siente como el enlace entre su defensa y el resto del equipo y lo demuestra durante todo el partido. No ofrece movimientos o conductas que sugieran que debe jugar en otro lugar. Al contrario, sus limitaciones físicas y técnicas son argumentos contra un nuevo cambio de demarcación en su carrera. Kroos es un pasador excepcional de pocos adornos y mucha presencia, que es lento jugando al fútbol. No hay rol que le favorezca más en términos de tiempo, espacio e influencia que el de mediocentro. Su gran punto negativo, que por ahora parasita su juego, es su tendencia excesiva a presionar (y a no corregir cuando falla). Pero este defecto tiene fecha de caducidad. Al fin y al cabo, Kroos es un jugador muy cerebral, que aún se acostumbra a su nueva función, y lo normal es que ajuste su juego con el tiempo. Cuando lo logre, tendrá mucha más credibilidad entre los aficionados como mediocentro, aunque él ya está totalmente convencido de que lo es.

Reconocer su calidad

Reconocer su calidad

 

Para su primer partido como técnico, Zidane introdujo algunas novedades en comparación al último equipo de Benítez. Cambió un poco el equipo inicial, el posicionamiento de algunos futbolistas fue variando y también hemos podido ver nuevas instrucciones colectivas. El Real Madrid buscó construir su juego con una salida de balón en corto, intentó evitar el juego directo y, de manera general, el equipo se mostró más agresivo sin la pelota y más paciente con ella, esperando la llegada del bloque defensivo antes de buscar la portería contraria. ¿Son esos cambios responsables de la amplia victoria ante el Deportivo? Viendo el contenido del partido, para nada. De hecho, esas nuevas instrucciones fueron ejecutadas de manera lenta e imprecisa. La salida de balón fue laboriosa, la presión desorganizada y la circulación de la pelota nunca fue tan rápida como para desequilibrar la defensa del adversario. Lo normal, claro. Después de cinco días de entrenamiento, no podría ser diferente.

 

Lo que puede realmente explicar la goleada del Madrid a un buen Deportivo es el cambio de actitud. Por actitud no se quiere hablar de esfuerzos o de distancia cubierta, sino de comportamiento al momento de decidir qué hacer con la pelota. En efecto, los jugadores han intentado quedarse con el balón, muchas veces exponiéndose a pérdidas muy peligrosas; se inclinaron más por utilizar su técnica y confiar en ella. Puede parecer algo anecdótico, pero no lo es.

 

Durante la corta era Benítez, el grupo nunca pareció conectado con el técnico y su manera de ver al equipo. Al entrenador español no le faltan conocimientos en términos de táctica o conceptos para construir un equipo. Sin embargo, la plantilla nunca pareció realmente entregada a su estilo y visión, hasta el punto que fueron cuestionados públicamente por el primer capitán.

 

Claramente, el contexto inicial era complicado. Tomando el puesto después de Ancelotti, un técnico que tenía a la plantilla enamorada, y viniendo de un ciclo poco convincente con el Nápoles, Benítez inició su aventura con un crédito bajo con los jugadores del Real Madrid. Además, es bastante probable que algunas de sus intervenciones públicas no le hayan ayudado mucho a ganarse a la plantilla. Pero más allá de su comunicación dudosa y de su trayectoria poco emocionante, el motivo principal de este rechazo de los jugadores es sin duda el mensaje, el fondo ligado al fútbol que quería imponer.

En sí mismo, jugar un fútbol directo o de control del balón no es bueno o malo. No es atractivo o repelente. Y si bien parece claro que la plantilla merengue está en su mayoría compuesta de jugadores de naturaleza ofensiva y asociativa (del lateral izquierdo al nueve), su riqueza ofrece posibilidades de jugar de muchas maneras diferentes. El problema llega cuando el grupo de jugadores que está a su disposición ve un mensaje reductor y una negligencia de su talento. Ahí se complican mucho las cosas. Con distancia, está claro que, a pesar de sus buenas intenciones, Benítez ha tomado una serie de decisiones que transmiten poca confianza en el talento de sus jugadores.

Hacemos un pequeña recapitulación de algunas de esas decisiones:

·     Colectivamente, hemos visto al Real Madrid intentar de jugar de manera directa, saltando su línea de centrocampistas de manera frecuente y abandonar el control de la pelota para intentar dominar los espacios, muchas veces con un repliegue cerca de su portería después de abrir el marcador.

·     Individualmente, hemos asistido al aislamiento de Cristiano Ronaldo, alejado de las tareas de creación y de desequilibrio del adversario para ser reducido a un rol de goleador. Isco y James también fueron alejados del juego y colocados en roles de extremo clásico. Además, la organización y ordenación del equipo recibió un golpe importante con la entrada de Casemiro en lugar de Kroos, con consecuencias inevitables sobre el estilo del equipo y su potencial.

Todas estas decisiones, colectivas e individuales que, en sí mismas tienen sus buenas y malas consecuencias, han molestado a un grupo de jugadores que, contrarios al cese de Ancelotti, no tardaron mucho en rechazar el fútbol propuesto por el nuevo técnico. Podemos cuestionar la profesionalidad de este grupo, señalar su falta de disciplina y recordar que son jugadores pagados y con contratos, pero sería olvidar que todos los que fueron parte de la plantilla con Mourinho y después con el italiano han mostrado en su momento una determinación y un compromiso de un nivel tremendo. En verdad, el problema no fue una falta de seriedad, sino de convicción.

Pedir a un grupo de jugadores de muy alto nivel abandonar el control de la pelota es algo bastante complicado pero factible cuando no ha ganado nada, ni tiene experiencia como equipo y, además, tiene como rival directo a un equipo de dimensiones históricas. Pero si el grupo es consciente de su calidad y ha demostrado de manera concreta su capacidad para lograr lo más grande y ganar partidos jugando un fútbol a la altura de su nivel técnico, pedirle que renuncie al balón –aunque sea puntualmente– tiene cero posibilidades de seducir al equipo.

Y ahí está la clave. Seducir a los jugadores. Tenerlos implicados. Sin eso, no hay equipo, ni competitividad. Benítez tristemente ha fracasado en este aspecto. Pero Zidane, que conoce muy bien a la plantilla, parece consciente de su importancia. Y ese es el síntoma más ilusionante tras la victoria contra el Deportivo. No el marcador, ni que Isco y Carvajal hayan jugado de inicio, o que Bale haya marcado un hat-trick. Sino el hecho de que el nuevo técnico del Madrid, un debutante, ha dado un paso importante en un aspecto fundamental de su cargo. Ha reconocido dentro del campo  y fuera del campo la tremenda calidad de sus jugadores.